AS Mónaco comunica la bancarrota tras ser uno de los principales equipos en Europa durante las últimas temporadas
Breve, exitosa y trágica. Así ha sido la vida de AS Mónaco en el baloncesto europeo. Con la bancarrota anunciada durante el día de ayer, aunque con una muerte anunciada y clínica desde hacía meses, la Euroliga pierde a uno de los equipos más potentes de las últimas temporadas, y aunque puede ser extraño prejuiciosamente, por méritos deportivos. Adiós a «Múnegu».
Un proyecto que nació hace 12 años en busca de lograr ser igual de atractivo que el equipo de fútbol, su ascenso fue meteórico. Consiguió ascender a la primera división francesa en la temporada 2015, siendo campeón de la Pro-B. Todo esto tuvo como principal motivo la llegada de Sergey Dyadechko, un empresario ucraniano que inyectaría mucho capital al equipo y daría las dimensiones necesarias al proyecto.
Debutaron en Europa en 2017, pasando por la Basketball Champions League, donde en dos años consiguieron ser subcampeón y tercero tras perder ante AEK Atenas y Bandırma Basketbol İhtisas Kulübü respectivamente. Pero dieron el siguiente paso.

La Euroliga estaba cerca de vivir los primeros grandes cambios desde su creación, y la llegada de un lugar como Mónaco era muy seductor. Por eso, su llegada suponía un proyecto a largo plazo más que interesante.
En tres temporadas, consiguieron el objetivo: ganar la Eurocup y competir en la mejor competición europea. La Euroliga recogía un equipo con capacidades económicas sobre el papel, una monarquía que apostaba por el equipo y unos inversores que estaban dejando claro que el proyecto era más que serio.
Como gran fichaje, y a última hora, apostaron por un Mike James que trazaba canas al aire en las últimas temporadas. Su talento y su mala cabeza habían hecho que el americano no pudiera encadenar varias temporadas seguidas en un mismo equipo, con una aventura NBA incluida.
Y desde entonces, el peligro pelirrojo de la barba consiguió ser el emblema de todo un país. En el primer año, y con varios nombres que explotarían unas temporadas después, Mónaco consiguió acceder al Playoff y conseguir, por méritos deportivos, conseguir licencia para el año siguiente. El resto es historia.

Un subcampeonato, un tercer puesto y todas las temporadas en las posiciones de post-temporada. Un palmarés difícil de igualar que supuso un soplo de aire fresco en el baloncesto francés, sin un competidor claro ni potente hasta la llegada de Mónaco.
Además, la apuesta por entrenadores como Spanoulis en el mejor año del equipo parecía el guion perfecto para una historia de los mejores novelistas. Una leyenda del baloncesto, su primera gran experiencia en los banquillos y un equipo preparado para ganar todo.
Aunque Fenerbahçe y su experiencia impidió que el equipo con menos afición local en una Final Four consiguiera ganar el título más prestigioso del baloncesto europeo. Aun así, la sensación era del comienzo de una gran historia.
Pero la realidad era más cruda, complicada e inviable que lo que hacían relucir los colores del glamour de Mónaco. Una deuda de más de 20 millones de euros que provocó la huelga de muchos jugadores y de que Mike James tuviera que coger las riendas del vestuario.

Quién sabe qué podría haber sido de este equipo si la venta del equipo hubiera sido a otro que no fuera Aleksej Fedoricsev, un magnate ruso que tiene problemas con la justicia en varios países por su relación con la financiación de su país.
Camisetas como la de Bacon, Diallo, James, Okobo, Motiejunas o incluso la de Kemba Walker, más de colección que de impacto, pasan ahora al mercado como unas reliquias de lo que pudo fue pero no pudo durar ni asentarse para ser uno de los bulldogs de la Euroliga.
El tiempo pasará, y la nostalgia recordará de buena manera aquella mezcla de jóvenes franceses como Strazel, jugadores que explotan como Diallo y las estrellas como James que se juntaron en Mónaco. Aunque con la incógnita sobre cuál era el siguiente objetivo del equipo.


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