Nadie se cree a los Knicks

Llegar a unas finales de conferencia y ver cómo la gente cree que no tienes opciones reales de ganar el anillo debe ser frustrante. El equipo de Mike Brown barrió en semifinales a unos Philadelphia 76ers que venían de eliminar a Boston Celtics, segundos de la Conferencia Este, y aun así no parece suficiente. Son pocos los que se atreven a situarles en las Finales de la NBA porque los Knicks siguen siendo, para muchos, una franquicia “perdedora”.

Para darle la vuelta a ese discurso deberán superar a los Cleveland Cavaliers, que acabaron cuartos —un puesto por debajo de Nueva York— en la liga regular. La llamada “maldición” que les acompaña se ha convertido, paradójicamente, en su nueva motivación.

Karl-Anthony Towns ante Paul George en la eliminatoria entre Knicks y Sixers / Fuente: NBA

Motivos para confiar

Para ganar el anillo primero hay que llegar a la final, y si miramos los enfrentamientos previos contra los de Ohio, las sensaciones son positivas. Durante la temporada regular, los Knicks se impusieron en dos de los tres partidos disputados. Solo cayeron en el último, con James Harden ya incorporado recientemente a las filas de Cleveland.

Pese al relato que envuelve a la franquicia, uno de los principales motivos para creer en los Knicks es precisamente ese: la falta de fe externa. Al no ser considerados un candidato claro al título, el equipo puede competir con menos presión mediática que otros aspirantes como Oklahoma City Thunder.

A ello se suma su identidad. Los Knicks son un equipo físico, intenso y extremadamente incómodo. Compiten cada posesión, dominan el rebote ofensivo y desgastan a sus rivales durante los 48 minutos. No siempre brillan, pero casi siempre sobreviven.

Por último, la profundidad de plantilla es un factor diferencial. Mike Brown dirige uno de los “rosters” más amplios de la liga, con jugadores de impacto como Jalen Brunson, OG Anunoby o Karl-Anthony Towns. Pese a cierta irregularidad, han demostrado su capacidad competitiva con títulos como la NBA Cup ante unos San Antonio Spurs que partían como favoritos.

New York Knicks campeones de la NBA Cup / Fuente: DAZN

Motivos para desconfiar

Sin embargo, la desconfianza hacia los Knicks también tiene fundamentos sólidos. A pesar de su profundidad, el equipo no cuenta con un jugador considerado top 5 de la liga, algo que en playoffs suele marcar diferencias en momentos límite.

A esto se suma el peso histórico de la franquicia. Los Knicks arrastran décadas de decepciones, con solo dos Finales disputadas desde los años 70 y ningún anillo en ese periodo. En la NBA, la historia no lo es todo, pero condiciona la percepción: cuesta confiar en un equipo asociado durante tanto tiempo a la inestabilidad.

Decepción en los Knicks tras caer eliminados ante los Indiana Pacers / Fuente: The Sporting News

El Madison Square Garden, además, es un arma de doble filo. Puede ser una ventaja emocional, pero también convierte cualquier error en una crisis amplificada. La presión no desaparece: se multiplica.

Por último, la propia NBA Cup es un ejemplo menor pero simbólico. Aunque el formato es reciente y reducido, ningún campeón ha logrado trasladar ese éxito al anillo, lo que refuerza la idea de que ganar en un entorno corto no siempre se traduce en éxito sostenido.

Entre la duda y la posibilidad

New York vive instalado en un territorio incómodo pero fascinante: el de los equipos que obligan a ser analizados desde dos realidades opuestas. Por un lado, los datos, la evolución del proyecto y su competitividad en playoffs les acercan al perfil de contendiente. Por otro, la historia, las limitaciones percibidas y la falta de consenso sobre su techo mantienen viva la desconfianza.

La realidad es que los Knicks ya no son una sorpresa ni una historia de reconstrucción. Son un equipo hecho para competir en mayo y junio, con una identidad clara y una dureza que se sostiene en la postemporada. Pero la NBA rara vez premia solo la consistencia: premia la sensación de superioridad, la estrella dominante y la inevitabilidad en las grandes noches.

Y ahí sigue estando la grieta.

Cada victoria alimenta la idea de que pueden sobrevivir a cualquier serie. Cada duda ofensiva reabre el debate sobre si tienen suficiente talento para cerrar el trabajo cuando todo se reduce a detalles.

Por eso, el veredicto sobre estos Knicks no está escrito. Y probablemente no lo estará hasta el último partido de su camino: pueden ganarlo todo… pero todavía no han conseguido que el mundo lo crea.

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