Dos años después de su llegada, Willy Hernangómez simboliza la distancia entre lo que el Barça esperaba y lo que realmente ha sido
Cuando Willy Hernangómez aterrizó en Barcelona en el verano de 2023, lo hizo envuelto en un entusiasmo difícil de igualar. No era un fichaje más; era, en teoría, una pieza estructural. Un pívot dominante, MVP del Eurobasket 2022, con 7 años de experiencia en la NBA y en plena madurez. Dos años después, la realidad es otra. Y no admite demasiados matices.
El episodio reciente en el Palau Blaugrana, durante el partido ante Anadolu Efes, no es un hecho aislado. Es el síntoma visible de una decepción acumulada.
Expectativa vs realidad
El caso Hernangómez es especialmente delicado porque nace desde una expectativa muy concreta. El Barça no fichó a un complemento; fichó a un jugador que venía a formar parte de un proyecto ilusionante y ganador tras la etapa de Šarūnas Jasikevičius. Su rendimiento no ha sido simplemente irregular; ha sido insuficiente para el rol que se le presuponía. Su aportación ha quedado muy lejos de lo esperado.
Los números, de hecho, refuerzan esa sensación. En su primera temporada (2023-24), promedió 11,6 puntos y 5,5 rebotes en 17 minutos por partido, buenas cifras. En la campaña siguiente, su impacto fue a menos, cayendo a 8,1 puntos y 4,6 rebotes en 16,1 min.
En la presente campaña, de momento sigue bajando sus números, con 7,8 puntos y 4,2 rebotes de media en 15,6 minutos por partido.
Más allá del rendimiento: el peso del contrato
Hay un factor que agrava la situación: la relación entre rendimiento y salario. Hernangómez no es percibido como un jugador de rotación, sino como una inversión importante. Y lo es también en términos objetivos: firmó en 2023 un contrato por tres temporadas y unos 12,5 millones de euros brutos. Su ficha, además, no es plana: comenzó cobrando alrededor de 3,5 millones en su primer año y ha ascendido hasta los 4,5 millones brutos por temporada en las dos siguientes, convirtiéndose en uno de los jugadores mejor pagados de la plantilla.
La postura de Xavi Pascual
Otro elemento revelador ha sido la reacción de Xavi Pascual. Tras los pitos en el Palau, el técnico evitó cualquier gesto de protección explícita hacia el jugador y optó por un mensaje mucho más generalista: respeto absoluto a la afición y exigencia colectiva. Vino a asumir que el público tiene derecho a expresarse y que la respuesta no debe estar en el debate, sino en el rendimiento.
Pero, más allá de la forma, lo realmente significativo es el fondo. No hubo matices ni contextualización del momento del jugador, ni apelaciones a la paciencia. Al contrario, el mensaje giró en torno a una idea muy clara: todos deben dar un paso adelante, incluido él.
Prácticamente sentenciado
El caso Willy Hernangómez está llegando a su etapa final, a no ser que haya un giro de los acontecimientos. El jugador acaba contrato esta temporada y nada apunta a que el Barça vaya a renovar al jugador español. Y, en el fondo, quizá lo más preocupante no son los números ni los pitos, es la sensación de que jugador y equipo nunca han terminado de encontrarse.

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