Eran las grandes promesas de nuestro baloncesto. De madre (olímpica en Barcelona 92) y padre jugador, desde las inferiores destacaron. Las Rozas (Madrid) fue el primer equipo que les dio la oportunidad de brillar, hasta que el Real Madrid se llevó a los dos. A partir de aquí, sus caminos se separaron.
El mayor, Willy, salió cedido a Sevilla (el actual Betis), donde despuntó tanto que llegó al Madrid rápidamente. En esa temporada, ganó la ACB y la Copa, partiendo desde el banquillo. Juancho, sin embargo, debutaría en Estudiantes, donde segunda temporada lo coronaría como el «Mejor Joven del Año». Los dos, en 2016, dieron el salto a la NBA, con un Willy que iba a ser rotación en los Knicks, y un Juancho que era elegido en el 15 del Draft por los Nuggets.
A partir de aquí, los caminos fueron paralelos, pero siempre con la misma tónica. Comenzaron muy fuerte, siendo las sensaciones europeas en la NBA. Las comparativas empezaron, y a pesar de que no eran ni parecidos en juego, los nuevos «Gasol» llenaban las portadas de los periódicos. Pero fue a partir de empezar a fantasear con un nuevo legado de hermanos españoles cuando todo se empezó a torcer.
Comenzaron los traspasos, la falta de minutos, problemas con entrenadores… Entre los 2, fueron 9 las franquicias que tuvieron los servicios de ellos (3 de Willy y 7 de Juancho, los cuales 5 de ellos fueron entre 2021 y 2023). No tenían sitio. Su falta de implicación defensiva y la falta de minutos los habían dejado fuera de todo.
Es entonces cuando la idea de Europa empezó a sonar a real. Juancho eligió rápido: Panathinaikos con Ataman. En su primer año, entre lesiones y la falta de adaptación, no tuvo el papel que se le suponía. Willy dudó más, pero después de un pago millonario entre salario y demás, fichó por el Barça (siendo canterano y aficionado públicamente del Real Madrid), donde Vesely le quitó el sitio y fue más un lastre que el mejor pívot de Europa (es el título que se le puso tras el anuncio de su llegada). Grimau llegó a tenerlo apartado de la rotación.
Hace unas noches vi por primera vez «Garra», película de Adam Sandler donde este consigue que Bo Cruz (Juancho Hernangómez) llegue a la NBA. En esta, el ver a Juancho siendo capaz de llegar a la élite y hacerse hueco, sólo me daba la sensación de impotencia. ¿Por qué?
Creo que tuvimos demasiada prisa con los Hernangómez. Nos empezamos a ver huérfanos (las retiradas de Navarro, Raül López, Calderón, Garbajosa…) y necesitábamos nuevos héroes cuanto antes. El ver que había dos talentos españoles que habían llegado tan rápido nos hizo pensar que eran mejores que muchos de sus predecesores, pero no éramos conscientes de que los tiempos estaban cambiando en la NBA.
Sólo hemos visto destellos, y los hemos inflado en muchas ocasiones tanto que, probablemente, era perjudicial para ellos. Ver un número 15 del Draft en un equipo en construcción, y un Willy que hacía números sin querer, era muy suculento para pedir más y más. Pero lo cierto es que muchas veces fue más cariño a unos compatriotas que ser realistas (aquí el primero).
Esto se ha visto en Europa. Ninguno se ha adaptado, y no han marcado la diferencia (es más, probablemente hayan sido de las mayores decepciones de la temporada). El recordar también cómo jugaron el Eurobasket donde ganamos de manera inesperada (Willy fue MVP del torneo y Juancho de la final), nos dio vibras de que teníamos 2 de los mejores jugadores Euroliga del momento. Pero se ha demostrado que no es así, y tienen que cambiar mucho las cosas para los dos.
Probablemente, sus carrera NBA han terminado. Pero todavía están a tiempo de cambiar su rumbo en Europa. El primer paso es dar ese salto de nivel que han perdido estos años, y demostrar que esa «garra» sacada en momentos determinados, sigue ahí, y está dispuesta a salir.
Ese paso pudo comenzar en estos Juegos. Después de dos partidos bastante malos (Juancho aprobado en el primero y Willy en la segunda parte del segundo), si la Selección quería ese paso adelante, tenía que tener la mejor versión de «Bo Cruz» y de Willy. Sin embargo, ya quedó claro en el partido con Canadá que esto no va a cambiar de un día para otro, siendo Brizuela o Pradilla (con bastante menos caché y nombre) los que cogieron sus roles.
Con 28 y 30 años, les quedan todavía algunos años al más alto nivel. El deseo de todo aficionado es verlos triunfar de verdad, y aunque no hayan sido los nuevos «Gasol», que se les recuerde como los «Hernangómez». Tienen mucho que hacer, pero los únicos que pueden cambiar su destino, como decía Adam Sandler, son ellos.

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